Ir al contenido principal

Nociones del tiempo


Uno respira y el cronómetro de la vida que es como un globo inmenso se va desinflando como si la bomba (esa a quien llamamos tiempo) se resistiera con vehemencia a explosionar. Luego, uno mira el reloj y el tic tac, tic tac parece una llamada de atención, como si alguien se avecinara, como si algo te entumeciera la mente. Y es en esos momentos, en que me complico y el futuro me asusta. Me aguanto la respiración, pero no para matarme, sino para vivir un poco más, o creer que puedo alargar mis posibilidades de sobreviviente.
Hay veces en que la musiquita rara, esa que tintinea como en algún espectáculo de tambores y campanitas; me proyecta a una danza aérea sobre un abismo, suspendido; quizá como cayendo día a día, como desembolsándose tal cual uno se resbala a vivir. Y hasta el trazo de los pinceles manchando el cuadro parecen mantener el ritmo de un tiempo que se nos arranca, que se nos escapa y a la vez deja perenne alguna fragua forjando en este hierro un monumento rígido resistiéndose a respirar para vivir para siempre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL SUEÑO DEL CARACOL

Probablemente esta sea una historia poco convincente, pero sin embargo posee bastante capacidad en sus tomas, en su contenido tanto en fondo y forma. Está basado según lo que conozco en un email distribuido como cadena a través del Internet, tomada por el director Iván Sáinz-Pardo . Probablemente sea una historia tierna, romántica o quizá melancólica. Pienso que se puede rescatar de esta historia que la vida tiene unos espacios que no podemos desperdiciar, no podemos dejar que la timidez embriague nuestro entusiasmo de ser felices, el amor probablemente exija atrevimiento, ponerse en el dilema de arriesgarlo todo o perder todo.

Antes que nunca

Preparados no estamos, a nosotros no se nos ha muerto nadie. Las lágrimas nunca sufrieron tanto, jamás propusieron un hasta pronto. Los ojos siempre estuvieron escondidos, velados por la erupción fantástica de la vida. A nosotros nos engordaron otras penas, nos abrazaron otras rabias, otras muertes. Las flores escupieron su odio en nuestras frentes, en nuestros tobillos. Nosotros bailábamos entre el llanto de los otros. Nuestra inocencia de novatos vivientes, ridículos ante la sofocada angustia de la esperanza. Para mi no hay cielo. Para mí el infierno está bien, porque aquí se sufre, aquí se ha inventado el amor. Nosotros no tenemos hambre, nosotros somos el hambre, somos la manera más miserable de ser felices, aún no hemos nacido, por eso no soñamos con morir,   Miren al palo al que se arriman esos moribundos que acuden presurosos a recoger un aliento de vida, nosotros los que nunca podemos vivir, qué podemos hacer por ellos?

Cayendo en cuenta

Casi siempre suelo empezar a escribir soltando algunas preguntas al aire, a veces frases improvisadas que de alguna manera van desenredándose en mi mente para terminar deslizándose como un pensamiento liviano, ese que si no lo atrapas se evapora intempestivamente. Tampoco es que me sienta un escritor maduro ni mucho menos, modestamente a las justas logro plantear algunas ideas como desahogándome, casi siempre quedo con la sensación que escribir, pintar, leer o cantar me hace una suerte de limpieza de la conciencia, según la medida en que profundice mis preguntas y acuda a la búsqueda de mis respuestas. Las últimas madrugadas he tenido algunas vivencias surreales mientras dormía; lo más inusual, que puede transcurrir, lo más increíble, lo más extraño se suscita en los sueños. Ahí se puede todo y en esa dimensión somos como inmortales, y todo lo que en la vida física luce inalcanzable, con los ojos cerrados se convierte en un episodio experimental, práctico, donde la condición humana...