Ir al contenido principal

Despedida en un café a las 3:30 pm


Si hubieras visto la forma como sus ojos fijos se encontraron el uno con el otro alargando su inevitable despedida; deliberando cualquier reacción, rebuscando en el interior de las pupilas de cada uno, sin parpadear. Es probable que ella intentó contener su abatimiento prensando sus lagrimas en un esfuerzo inútil, es posible que sus miradas se encontrasen unidas por una suerte de vía microhondas y hubiesen transmitido aproximadamente unos mil viajes de ida y vuelta a cada uno de sus infiernos, como quién viaja sin deseo, de forma agresiva. El asunto es que estuvieron ambos expectantes dispuestos de forma opuesta, el uno frente a la otra como en una partida ajedréz donde cualquier movimiento puede terminar matando al contrario. Estuvieron quietos sus cuerpos.
Quién sabe cuántas cosas pudieran haberse dicho, puede ser que ella le reclamase por algún error y él no suplicara, por eso la lágrima rebelde se desmaya exhausta por su mejilla y su pupila ejerce un movimiento triste tan parecido a un latir involuntario. Se aman, parece. Tal vez las palabras les son innecesarias. Incluso pueda que el amor les haya hecho todo lo contrario, ambos sufren, él respira inflando el pecho.Pasan varios minutos, ella se lleva la mano a los ojos para limpiarse suavemente la lágrima, lentamente y sin dejar de mirarlo se incorpora, sus ojos parecen decir mucho más; luego se desconecta y se va.
Él se queda observando el café, tan negro como ahora su alma, un sorbo amargo parece remecerle el espíritu, se queda quieto como si fuera a quedarse en aquella mesa, en el segundo piso del café para siempre.
(Cosas que vemos y nos estremecen)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Antes que nunca

Preparados no estamos, a nosotros no se nos ha muerto nadie. Las lágrimas nunca sufrieron tanto, jamás propusieron un hasta pronto. Los ojos siempre estuvieron escondidos, velados por la erupción fantástica de la vida. A nosotros nos engordaron otras penas, nos abrazaron otras rabias, otras muertes. Las flores escupieron su odio en nuestras frentes, en nuestros tobillos. Nosotros bailábamos entre el llanto de los otros. Nuestra inocencia de novatos vivientes, ridículos ante la sofocada angustia de la esperanza. Para mi no hay cielo. Para mí el infierno está bien, porque aquí se sufre, aquí se ha inventado el amor. Nosotros no tenemos hambre, nosotros somos el hambre, somos la manera más miserable de ser felices, aún no hemos nacido, por eso no soñamos con morir,   Miren al palo al que se arriman esos moribundos que acuden presurosos a recoger un aliento de vida, nosotros los que nunca podemos vivir, qué podemos hacer por ellos?

No quiero que pretendas "HACERME" feliz

Me resulta complicado hacerme a la idea de que la felicidad es un compromiso. Si bien es cierto es un ideal, una necesidad intrínseca de todo ser. Apelar a la felicidad es producto de la inercia misma de vivir. Es por ello que referirse a la felicidad como algo que se puede “hacer” podría interpretarse como impropio, como “hacer el amor”. Todos suelen “hacer el amor” siempre que tienen sexo. El amor no se puede hacer, la felicidad tampoco. Pero podríamos, a manera de travesura, cambiar el término “hacer” por “construir”, encontraremos otra forma de percibir la felicidad. Cada vez que he creído apreciar la felicidad me ha sido incluso muy complicado identificarla. Es posible que a muchos de nosotros nos haya pasado algo parecido. Hablamos de sensaciones. Entramos a un campo elevadamente subjetivo, tal vez de un conjunto de expresiones internas que aparecen como fruto de la relación causa y efecto. Reconsiderando que la felicidad es un estado u efecto positivo, deberíamos reconoce...

El circuito de los sueños

Me arden los labios. Me arde la médula y la alegría. Me arde la noche. Me arde la idea de oír su voz. Soy la esencia de la piedra, pero las piedras también se parten, se hacen añicos, también se les rompe el alma. Soy el exceso de lo establecido, las ganas de evadir el rumbo, la meta sin ilusión, el sueño que no abruma, la ansiedad compungida. Me pongo a disposición del aire que es lo único que se mueve. Usted sabe que el tiempo es solo un reloj cuyas manecillas dan vueltas y vueltas. Estoy distraído.Antes de consumir ya estoy disuelto, del polvo al polvo. Retorno de la ilusión a la miseria. Llegaré, como siempre. Como cuando llega la calma, siempre inoportuna, tarde. Ya no tengo ganas de una nueva camisa, he perdido la fe en el octubre. Estoy sobre un pilar de alucinaciones a la que llamo realidad. Yo mismo me he movido de mí. Estoy dos pasos más a la izquierda, en no sé qué lugar. A veces creía que el vacío me vendría bien, no pensaba  volverme un rumor, un asunto de ...