Ir al contenido principal

Entradas

Dictadura natural

Le dijeron que había llovido y que sería difícil que pudiera llegar a tiempo, sin embargo despertó dispuesto, con cierta sensación de alivio, con los pelos retorcidos, con la cara repleta de jeroglíficos creados por la almohada. Pero quién se desespera tanto para levantarse cuando sabe que ese día se va a morir. Quién se alborota si no sabe la hora exacta en que cerrará los ojos y sentirá el chorro de agua helada caerle desde la coronilla hasta la punta de los pies. Damián lo pensó varias veces mientras la somnolencia persistía en retenerlo. Se limpió los ojos con las manos, estiró sus brazos hacia arriba y bostezando se dijo: -que todo se vaya a la mierda;  devolvió el cuerpo hacia atrás y quedó dormido. Su cabeza le proponía imágenes estáticas que se deslizaban como lo hace un reflector de filminas, una por una, en su espacio mental; oscuro como cine. Se veía. Se acordaba de cosas estúpidas, de travesuras no corregidas, de glúteos, de pedazos de lienzo, de resbalones, de ...

Réquiem a la Libélula Azul...

Me gustaría poder volver a ese diciembre donde todo florecía con una magia asombrosa, donde las palabras dulces aleteaban como mariposas por todos los rincones como componiendo una primavera armoniosa a inicios de un verano plácido. Hubiese deseado grabar las escenas en algún dispositivo que las reproduzca con sonido envolvente, aromas y texturas en mi cine mental, algo inmenso me estremecía. No sabes que tan inmenso. Adoraba la naturaleza con la que se producía todo. Aparecer de la nada, florecer de la nada, vibrar de la nada, sumergirse en la nada, descender de la nada o subirse a la nada para mantenerse en ese espacio completamente ausente. Yo no quise tenerte nunca y te tuve como quinientas veces. Y aunque hubiese querido tenerte por lo menos unas dos mil o tres mil veces más, solo hubo lo que hubo. Me embrujaba excesivamente verte caminar con tu vestidito turquesa, con tu cabello extendido, flotando delicadamente por la acción del viento. Aún tengo grabado en mi gran lienzo...

No quiero que pretendas "HACERME" feliz

Me resulta complicado hacerme a la idea de que la felicidad es un compromiso. Si bien es cierto es un ideal, una necesidad intrínseca de todo ser. Apelar a la felicidad es producto de la inercia misma de vivir. Es por ello que referirse a la felicidad como algo que se puede “hacer” podría interpretarse como impropio, como “hacer el amor”. Todos suelen “hacer el amor” siempre que tienen sexo. El amor no se puede hacer, la felicidad tampoco. Pero podríamos, a manera de travesura, cambiar el término “hacer” por “construir”, encontraremos otra forma de percibir la felicidad. Cada vez que he creído apreciar la felicidad me ha sido incluso muy complicado identificarla. Es posible que a muchos de nosotros nos haya pasado algo parecido. Hablamos de sensaciones. Entramos a un campo elevadamente subjetivo, tal vez de un conjunto de expresiones internas que aparecen como fruto de la relación causa y efecto. Reconsiderando que la felicidad es un estado u efecto positivo, deberíamos reconoce...

Recuerdos inamputables...

Qué podemos decir ahora, tal vez solo optemos por silenciarlo todo, pueda que en ocasiones como esta el silencio diga mucho más, lo presiento, incluso cuando me niego a escribir. Hay cosas que nunca van a poder explicarse, como por ejemplo ¿Por qué yo soy yo? O tal vez por qué no soy aquel, o tal vez este otro. Quién pudiera explicar por ejemplo por qué la vida o por qué la muerte, por qué sobrevivir. No podemos decir nada. No tenemos respuesta. Muchas veces hay que aceptar leyendas estúpidas para complacer las búsquedas y otros se oponen al deseo de encontrarse. Otros argumentan incluso que pensar y mucho más aún verter alguna opinión es dañino. No pienses te dicen. Me pregunto si se puede prescindir del pensamiento.  A mi córtenme las piernas, los testículos, pero no me priven de toda posibilidad de sueño. No solo por la magia onírica que se ensaya en lo profundo sino  también porque me importa recordar, pensar en la mujer, en el abrazo, en las palabras que oculté en el p...

la fermentación del hombre...

Me encuentro dispuesto en un espacio sellado, como en un frasco grande, como una damajuana macerando a un hombre ya fermentado. Pero no se trata de una queja, o mucho menos puede tratarse de algún pleito. Se trata de un estado, de una sensación, tal vez de la sensación más relevante para un ser que cree que el hombre es una planta y que la planta es un hombre. Tal vez muchos se pregunten cuál es la relación entre el hombre, la planta, la fermentación, el envase  e incluso el hombre y la planta. Hace poco estuve pensando en preparar macerados; no es que tenga actualmente mucha afición por los licores; recibí la influencia en un viaje laborar en la selva noreste del Perú, donde pude recibir diversas recetas: para el amor, la infección respiratoria, la circulación, la fiebre, etc. En su mayoría tenían como ingrediente, café y alcohol. Cabe considerar que históricamente los macerados fueron en sus inicios compuestos por hierbas medicinales. Probé algunos y pude comprobar la eficac...

Tribulaciones en la madriguera...

Justo un día antes, soñé. Una historia larga. Esa vez, mi sueño, pareció enviarme una premonición algo peculiar. Pobre Shakespeare, Ayy William, William, que pendejada es esa. Lo cierto es que en el mundo onírico de aquella madrugada, Dios era un escenógrafo, y estaba arriba, sobre la parrilla, moviendo las lámparas, alumbrando a donde se le plazca. Abajo, el hormiguero removido revoloteaba, sobreviviendo como pueden, total, ¿Hay otro modo de sobrevivir? En todas las escenas, luces azules o fucsias, unas tenues, otras duras, violentas. Quién sabe por qué, en ese momento tuvo que iluminarme a mí, con una lámpara de luz amarilla, intensa, de forma redonda, como en los conciertos. Fue iluminándome, de la misma manera en que perseguiría una rata por un laberinto de hojas secas. Mierda, William, no es una frase bonita, nada más. Ese día, me di cuenta que Dios estaba arriba, porque si hubiera estado abajo, lo mataba, quién sabe cómo. Teniendo como prefacio este argumento surrealista...

Confesiones para unos ojos espejos

No recuerdo si fue al escuchar las narraciones de François Vallaeys que me topé con una frase interesante. “Hace tiempo que nunca”. O será también a causa de los ajetreos de la mudanza que quedé sin espejo; el punto es que hace mucho que ya no veo la forma, sino el fondo de todo este cúmulo de pensamientos, sensaciones e impulsos que conforman mi YO. Hace tiempo no me observo profundamente, ahora lo hago y me hallo distraído, como mirando más allá, como atrás de la cortina, sosteniendo el amor como aguantando el aire a punto de sumergirse en el agua, iniciando la cuenta regresiva, ya van varios días que sostengo el amor y no lo suelto. Me observo como a las frutas del bodegón, como la pera o la granadilla y sus puntitos, su brillo y su constelación de color en la que empiezo a perderme como jugando. Encuentro a mi cuerpo como las frutas, con colores diversos e inexplicables, sensaciones, texturas y pequitas marrones y otras más claras, resaltando sobre el brillo de lo que soy; tal...