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Mostrando entradas de abril, 2017

Así, como si nada

Siento que he llegado tarde. Soy el híbrido de morir y sobrevivir que se confunden en lo mismo. El sol no me alcanza y me he secado igual, soy hoja muerta tallo olvidado y raíces tristes. Esto que me cubre, es una sarna. Me pregunto si soy el vivo reflejo de esa alma en pus, la canción del detective, la rabia del universo y lo escribo para que haya evidencia de mi queja.

Esa sombra ex nihilo que ha empezado a correr a mi ritmo. ¿Será la muerte apresurada a contratar conmigo? Veo a lo lejos asomar la caravana de la muerte que viene a restregarme en la cara mi perecedera humanidad, me exige mirarme a los ojos.

Las paredes del baño, el olor de la madrugada, el foco mugroso que alumbra por donde puede, la puerta abierta, las heridas, el ruido de los que hacen el pan, el silencio de los que lo comen, el arroz
escogido, el hambre, otra vez el hambre. Los ojos de la tarde, las manos tibias de la muerte. Su beso húmedo, sincero. Su bienvenida, su forma de viajar.

Antes que nunca

Preparados no estamos, a nosotros no se nos ha muerto nadie. Las lágrimas nunca sufrieron tanto, jamás propusieron un hasta pronto. Los ojos siempre estuvieron escondidos, velados por la erupción fantástica de la vida.

A nosotros nos engordaron otras penas, nos abrazaron otras rabias, otras muertes. Las flores escupieron su odio en nuestras frentes, en nuestros tobillos. Nosotros
bailábamos entre el llanto de los otros. Nuestra inocencia de novatos vivientes, ridículos ante la sofocada angustia de la esperanza.

Para mi no hay cielo. Para mí el infierno está bien, porque aquí se sufre, aquí se ha inventado el amor.

Nosotros no tenemos hambre, nosotros somos el hambre, somos la manera más miserable de ser felices, aún no hemos nacido, por eso no soñamos con morir,  

Miren al palo al que se arriman esos moribundos que acuden presurosos a recoger un aliento de vida, nosotros los que nunca podemos vivir, qué podemos hacer por ellos?